Ya me cansé de pensar en él y de perder el tiempo imaginando que las cosas podían haber sido diferentes si me las hubiese planteado de otra manera. Sea como fuere, lo que pudo haber sido se quedó en nada, y eso es todo lo que importa. Punto y aparte a la historia.
La vida es un continuo volver a empezar. Así que vuelvo a enfrentarme al mundo, con el corazón un poco más roto sí, pero también con la experiencia que nos van dando cada uno de nuestros desengaños. Poquito a poco duele menos y, aunque las cicatrices estén recientes todavía, no me impiden sonreír y decirme que vuelvo al ataque de nuevo. No pienso cerrarme al mundo, encerrarme en mi urna de cristal como he hecho otras veces. No. Tengo ganas de disfrutar de la vida y no voy a quedarme sentada lamentándome.
Me reconforto en los pequeños detalles. Como las sonrisas que me dedica cada día el monitor de mi gimnasio; una de esas personas siempre optimistas que saben sacarte la alegría por muy de mal humor que llegues. El otro día se puso a coquetear conmigo y casi no sabía qué contestarle, debí de ponerme roja como un tomate. No voy a negar que más de una vez he fantaseado con él y su cuerpo perfecto pero, por mucha tableta de chocolate que tenga, lo que me sigue llamando más la atención de él es esa sonrisa, que me deja tonta cada vez que la veo. Pienso que si tuviese a mi lado a un hombre con esa manera de sonreír, nunca podría estar triste.
Y así, cuando salgo del estado de hipnosis que me crea, me doy cuenta de que hoy he pensado un poquito menos en cosas negativas y que, cada día que pasa, me siento más fuerte y más positiva. Porque la vida sigue y, a pesar de todo lo malo que en ella te puedas encontrar, también hay muchas cosas buenas por descubrir y no me las pienso perder.
Archivado bajo: Uncategorized | 1 comentario